¿Qué lleva a una planta a convertirse en carnívora?

Como todo el mundo sabe, las plantas necesitan muchas más cosas que agua para vivir y desarrollarse.

Lo primero que habría que aclarar es que la evolución no tiene un sentido marcado.

La evolución no tiene meta ni objetivo

Por explicar de una forma “tradicional” el sentido de la evolución, pondremos un ejemplo. Cuando una especie está sometida a cambios lentos y graduales, la variabilidad genética de los individuos que la componen hace que, ante una determinada circunstancia, algunos ejemplares se consigan adaptar mejor que otros por esas pequeñas particularidades que les diferencian del resto y que trasmitirán a su descendencia. De esta forma, los individuos mejor adaptados a los cambios o presiones del medio en ese momento sobrevivirán en mayor grado y transmitirán mediante la reproducción estos cambios a sus descendientes.

Pero si esas pequeñas particularidades hubieran sido sometidas a presiones de otro tipo, seguramente, estos mismos ejemplares hubieran muerto. Así que no, la evolución no lleva una meta ni un objetivo, sino que son las propias características de entorno las que van conformando las especies.

La Biston betularia

Hay un ejemplo muy ilustrativo típico para los docentes, la polilla Biston betularia , que siendo una polilla moteada sobre fondo blanco pasa desapercibida en los troncos de los abedules, que manifiestan ese mismo patrón de colores. Nunca antes de 1811, la variedad oscura, casi negra había sido observada, seguramente porque los individuos oscuros llamaban la atención de los depredadores en los árboles y eran comidos. A raíz de la revolución industrial, con el hollín presente en el ambiente londinense, el 98% de la población de polillas en 1895 era oscura, pues las blancas eran más fácilmente detectables y depredadas.

Imagen internet. Autor desconocido

¿Y qué pasó cuando se empezaron a controlar las emisiones y desapareció ese hollín? Pues que en 2003 sólo el 2% presentaban ya esa tonalidad

Viviendo en condiciones muy pobres

Las plantas carnívoras viven en ambientes muy pobres en nutrientes, como por ejemplo turberas.  No es cuestión de que se las ingeniaran, o tuvieran que buscar soluciones para subsistir….  Las plantas y los animales no nos sentamos a pensar cómo evolucionar para solucionar los problemas que nos surgen…. Simplemente fueron apareciendo pequeños cambios en algunos individuos que permitieron a lo largo de millones de años sobrevivir en estos ambientes gracias a mecanismos surgidos y que han llevado a tener en el presente la variedad de plantas carnívoras que contemplamos. Estas plantas, no sólo presentan enormes modificaciones para crear trampas que capturen insectos, sino que, además, muchas han desarrollado glándulas enzimáticas para digerirlos. De esta manera, los líquidos digestivos de la planta convierten en nutrientes a los desafortunados insectos atrapados y obtienen además fosforo y nitrógeno de los exoesqueletos.

Un estudio publicado en 2017 en la revista Nature Ecology & Evolution, arrojó algo más de luz sobre la evolución de estas plantas presentes en varios continentes e identificó los cambios adaptativos de tres especies, una australiana Cephalotus follicularis, otra asiática Nepenthes alata y la última americana Sarracenia purpurea.

Las tres emplean métodos de captura similares a pesar de haber evolucionado de forma separada, un ejemplo indiscutible de convergencia adaptativa.  De forma alejada en el espacio, el resultado de la acción de la selección natural ha producido cambios genéticos sobre un mismo conjunto de genes y produciendo los cambios en forma y función de algunas hojas para hacer de estas plantas las pequeñas máquinas devoradoras de insectos que hoy conocemos.

Más información:

Kenji Fukushima et al. “Genome of the pitcher plant Cephalotus reveals genetic changes associated with carnivory” NatureEcology & Evolution 6 de febrero de 2017